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El Pelafustán

6.2.16

No son ñoquis
























“Ñoquiero más despidos”, rezaba la leyenda pinchada en los escarbadientes. El 29 de enero, trabajadores del Promeba en Chaco organizaron una ñoqueada para afirmar que no son ñoquis los 50 despedidos de uno de los tantos programas devastados en 50 días de gobierno del Atila neoliberal.

José Luis Brés Palacio

Un cielo nublado apenas podía atemperar los efectos de la canícula sobre nuestros cuerpos. A pesar de eso, era inevitable seguir sintiendo que nos derretíamos sobre el pavimento. El 29 de enero en la plaza 25 de Mayo de Resistencia, trabajadores del Promeba en Chaco organizaron una ñoqueada en el Paseo de los Artesanos para afirmar justamente lo contrario: que no son ñoquis los 50 despedidos de uno de los tantos programas, oficinas devastados y desbastados en 50 días de gobierno del Atila neoliberal, Mauricio Macri.
“Ñoquiero más despidos”, rezaba la leyenda pinchada en los escarbadientes con los que servían las porciones. Lo curioso (y hasta indignante) es que la ñoqueada fue una jornada de trabajo para protestar por haber sido despedidos de sus trabajos. Conversando con ocho de los cincuenta protagonistas de este paso de tragedia propuesto por el gobierno macrista pudimos percatarnos de que de lo único que hablan una y otra vez con los que concurrimos a la plaza es, justamente, de sus trabajos. ¡Qué ñoquis más raros! ¿No?
Rocío es arquitecta y su trabajo era la promoción urbana en el barrio Familias Unidas.  Lucas, licenciado en Trabajo Social, tenía a su cargo el área Central del Promeba en Chaco. Nilce es promotora social en el barrio San José Obrero desde hace dos años y medio. Desde hace ocho años, Clarisa promueve la urbanización en el barrio Toba. Carina, la más antigua del grupo, es asistente social y, en su expresión, se nota que intenta sobrevivir respirando desesperación. No faltaron en la conversación los aportes de Leandro (arquitecto), Carlos (licenciado en Ambientalismo) y de Víctor, encargado de la comunicación institucional, proyectos de comunicación popular ejecutados en los barrios y comunicación externa del Promeba, que concebía a la promoción social como el cruce de múltiples variables, actividades y actores y que no se limitan al ordenamiento, limpieza o embellecimiento urbano. No se trata sólo de una ciudad limpia. Se trata de una sociedad cada vez más organizada, autosuficiente y congregada en torno de la solidaridad.
Quedan claras algunas cuestiones conversando con ellos: amaban su laburo porque se identificaban profundamente con él. Ergo: no son ñoquis. Si lo fueran, deberíamos sentir la necesidad imperiosa de convertir a nuestro país en una exuberante fuente de ñoquis. Otra conclusión es que no se trata sólo de 50 despedidos, sino de 50 familias que quedan a la deriva enfrentando un futuro incierto y poco prometedor. La última: ¿cómo se llama al proyecto político de un gobierno que deshace emprendimientos en una sociedad que la hacen cada vez más “sociedad”?
Todos los despedidos se enteraron de esa situación por una nota múltiple que “nos partió como un rayo”, según afirmó uno de ellos. A partir de entonces, para estos profesionales y trabajadores no existen más que la incertidumbre, el desamparo y la impotencia.
Seguramente, resulta imponderable el nivel de estrago social que puede causar aún un gobierno que junta paladas de ilegitimidad y se las tira encima como si fuera dulce de leche.

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