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7.11.14

El temor a que los niños hablen


Casey, entrevistado por la TV Pública. | Imagen de TV.

La brutal reacción de la prensa opositora a los dichos de Casey Wander, el nene de 11 años que opinó a favor del kirchnerismo, muestra una vez más dónde realmente se abreva el odio y la intolerancia. Haberlo mandado a jugar con la play o a Disney resume cómo a ciertos sectores de la sociedad les asustan chicos así, sin la cultura del silencio, y apelan livianamente a comparar con elementos del nazismo. 

datapuntochaco
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La desmesurada reacción de la prensa opositora ante los dichos de Casey Wander, el chico de 11 años que opinó a favor del kirchnerismo, deja una vez más en evidencia que la intolerancia abreva en quienes condenan el supuesto autoritarismo K.
Según reprodujeron algunos medios, el cada vez más reaccionario Jorge Lanata mandó al chico a jugar a la play-station o a viajar a Disney y comparó a su madre con el jefe de la propaganda nazi, Goebbels, en sintonía con la prédica de Mariano Grondona, a la que alguna vez adhirió el escritor Marcos Aguinis, de comparar a La Cámpora y a los jóvenes que apoyan al Gobierno con las Juventudes Hitlerianas.
Obviamente que los dichos del conductor adalid del Grupo Clarín no merecen más atención que la sola mención para destacar su alto grado de intolerancia y de brutalidad. La mamá de Casey, Nydia Lirola, dijo claramente por qué la prensa opositora reaccionó como lo hizo ante la aparición de su hijo en la Televisión Pública, en el acto por el aniversario de la muerte de Néstor Kirchner donde funcionó la ESMA.
“Algunos medios trataron de demonizar a Casey porque ellos creen que a los actos kirchneristas la gente va acarreada y no es así. Ese relato ridículo perdía forma con un nene que va tan enamorado, por eso lo estigmatizaron”, dijo Lirola en declaraciones a Radio Nacional, que reprodujo la agencia Télam.
El Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (Inadi) expresó su preocupación por el trato que recibió Casey por sus opiniones y la conexión directa que se hace en este tipo de casos con elementos del nazismo. “Además de una clara e irrespetuosa banalización del Holocausto, ataca ilegítimamente la honra y reputación del niño, vinculándolo a él y su familia, livianamente con el régimen más sangriento y genocida que ha conocido la humanidad”, dijo el titular del Inadi, Pedro Mouratian.
Solo el odio sin límite que fomenta la prensa opositora al Gobierno puede dar paso a un brutal ataque del que fue víctima un chico que dice en público lo que la corporación político-mediática anti-K no quiere escuchar. Sobreviene entonces una pregunta obvia: ¿qué hubieran dicho los escandalizados si Casey u otro chico de su edad habría opinado a favor de Sergio Massa o Mauricio Macri?

“Algunos medios trataron de demonizar a Casey porque ellos creen que a los actos kirchneristas la gente va acarreada y no es así”.


Llama la atención que los que se asustan por lo de Casey son los mismos que, como escribió en un artículo Gabriel Lerner, secretario Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, piden una baja en la edad de imputabilidad y se opusieron al derecho al voto a partir de los 16 años porque supuestamente a esa edad no se sabe nada de política.
Hace unos días, el diario porteño La Nación destacó una noticia titulada así: “El niño de Jerusalén que puede cambiar la política exterior de EE.UU.”. 
“Pocas veces un niño de 12 años tiene el potencial de afectar la política exterior de una potencia como Estados Unidos, pero eso es precisamente lo que podría hacer Menachem Zivotofsky”, dice el artículo.
Menachem nació en Jerusalén, tiene nacionalidad estadounidense y sus padres, Ari y Naomi, están en una cruzada para que en su pasaporte de EE.UU. aparezca el nombre de Israel como país de nacimiento.
Sin embargo, la Casa Blanca entiende que la soberanía de esta ciudad sagrada para los cristianos, los musulmanes y los judíos no corresponde a ningún país y su estatus debe ser negociado como parte de un acuerdo de paz. Por ello, el Departamento de Estado establece que, para una persona nacida en Jerusalén solo debe ponerse en los documentos el nombre de la ciudad.
Así, los padres de Menachem decidieron demandar al Departamento de Estado poco después de haber nacido su hijo, en octubre de 2002 y, desde entonces, su caso escaló las instancias judiciales norteamericanas hasta la Corte Suprema.
¿Por qué nadie critica los Zivotofsky por poner a su hijo de 12 años en el centro de una disputa diplomática?
Y si de niños se trata, la nobel de la Paz 2014 Malala Yousafzai, hoy con 17 años, era más joven aun cuando empezó a luchar por el derecho de la educación de las mujeres en Pakistán.
A los 13 años, Yousafzai escribía en un blog para la BBC bajo el seudónimo Gul Makai, donde contaba su vida bajo el régimen talibán, que había prohibido la educación de las niñas. En 2012, Yousafzai fue baleada por un talibán, cuando iba en un autobús escolar.  
Se sabe que al establishment político-económico-mediático le asusta que haya chicos como Casey y prefiere que los de su edad estén encerrados jugando a la play o pensando en viajar a Disney. Le asusta porque, como dijo la mamá de Casey, los chicos “no tienen miedo de expresar lo que piensan, no tienen la cultura del silencio”. 

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