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El Pelafustán

13.4.13

La mala praxis del periodismo


Gran parte de la prensa argentina acumula descrédito.

Algunos medios de comunicación argentinos están a un paso de cruzar el punto de no retorno y seguir el camino de los tabloides ingleses del imperio Murdoch. Echarri, Candela y Pablo García, entre las coberturas más bochornosas. El caso de la prensa correntina y chaqueña, y el modus operandi para desinformar. 

Por Data.Chaco
Editores

En un artículo publicado en Página 12, Marcelo J. García y Roberto Samar reinstalan el debate acerca de la función de los medios de comunicación y qué significa hacer periodismo en tiempos en que gran parte de la prensa argentina está a un paso de cruzar el punto de no retorno, como ocurrió con los tabloides ingleses manejados por el magnate australiano Rupert Murdoch, que transformaron a sus lectores en víctimas de una mala praxis flagrante.
El tratamiento del caso de Pablo García, al que un periodista de Clarín de apellido Gallo le dedicó el título “Periodismo para Todos” en el diario Muy, es un ejemplo de lo que se es capaz de hacer. Gallo, que viene del amarillista Libre, hizo una crónica sobre el accidente de tránsito con una víctima fatal que involucró al hijo de Eduardo Aliverti, con “detalles escabrosos nunca comprobados ni chequeados sobre cómo se había producido el hecho”.
 “La sociedad puede consumir con morbo estas disputas que parecen acotadas a las alturas del poder periodístico, político y artístico, pero corre el riesgo de dejar crecer a un Frankenstein”, advierten García y Samar, y recuerdan cuando la revista Caras montó una guardia fotográfica a Luis Alberto Spinetta para “mostrarlo herido por el cáncer”, o “cuando, ante el secuestro de su padre, Pablo Echarri clamaba para que los medios de comunicación tendieran ‘un manto de silencio y piedad’”.
El abanico de bochornos se completa con casos como el de Candela, la nena secuestrada y asesinada en Hurlingham, hasta la falsa foto de Hugo Chávez, publicada en la tapa de El País. Así, más temprano que tarde, dicen García y Samar, “el canibalismo afectará también a ciudadanos de a pie”, como en Inglaterra, donde los Murdoch tuvieron que cerrar el centenario News of the World por el escándalo de las escuchas telefónicas.  
Hace unos días, cuando algunos sectores de la ciudad de Santa Fe se inundaron por una intensa lluvia, una periodista de esa capital, en diálogo con Víctor Hugo Morales por radio Continental, llamaba a los medios de comunicación porteños a actuar con responsabilidad y no publicar en sus ediciones on line fotos de las inundaciones de 2003 para ilustrar lo acontecido por esas horas.
Los problemas que causó el temporal de ese día estaban muy lejos de parecerse a la catástrofe de hace diez años, cuando gran parte de la ciudadquedó bajo agua por el desborde del río Salado. Lo único que consiguieron con poner fotos de aquellos aciagos momentos fue alarmar inútilmente.
La mala praxis en la prensa correntina y chaqueña, en cambio, está marcada por la dependencia económica de los medios de comunicación de la pauta publicitaria oficial y por los bajos estándares profesionales de quienes trabajan en ellos. Los resultados, aunque desfachatados, son más bien hilarantes.
En los medios de la región –los más renombrados diarios, inclusive– no se hace otra cosa que publicar los “enlatados” del área de Información Pública o de los agentes de prensa de funcionarios y dirigentes políticos. Ya no se trata solo de reproducir las mismas noticias, sino los mismos textos, con lo que el trabajo periodístico de indagar, chequear y redactar ya no forma parte de la rutina de las Redacciones.
Con este modus operandi, los medios, manejados en su mayoría por familias con poder económico, imponen una especie de paraguas informativo que no solo protege al poder político, judicial, empresarial, sindical, policial y eclesiástico del escarnio público, sino que también le garantiza impunidad.
De este modo, la prensa desinforma, acumula descrédito y avanza firme hacia el punto del no retorno. Antes del cruce, habría que reflexionar sobre el planteo final del artículo de García y Samar: “En la Argentina de hoy, el gremio apenas puede ponerse de acuerdo en qué significa hacer periodismo. El primer paso sería estar de acuerdo, al menos, en qué significa ser intelectualmente honesto”.

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