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El Pelafustán

7.6.17

Carta abierta a jóvenes periodistas











Reflexiones en el Día del Periodista.  

José Luis Brés Palacio | DATAPUNTOCHACO

Los que ya tenemos canas y el teclado cansado te estamos dejando la posta. Así debe ser.
Sólo vos sabés qué te llevó a elegir el periodismo. Seguramente, ideales de verdad. Esa sola posibilidad puede redimir a tu generación a pesar de que muchos de los de la mía renieguen por “una juventud que cada día está peor”. Pero, ¿sabés qué? esos ideales serán la matriz de evaluación de tu carrera de periodista cuando llegues a viejo.
En éste, nuestro día, y desde mi humilde lugar de laburante en retiro, creo que puedo llegar a vos y contarte algunas cosas.
En los primeros años de tu carrera, casi con seguridad, vas a tener que trabajar en algún medio privado. Y vos también te sentirás privado. Privado de libertad de contar lo que viste o investigaste porque a tu patrón poco le importarán tus verdades sino lo abultado de su faltriquera. Privado de vivir con dignidad porque el sueldo que te asigna el patrón pocas veces llega a cubrir los gastos mínimos. Privado de escribir bajo el tutelaje de tu conciencia porque tu palabra estará condicionada, cercada y vigilada por los ojos del patrón que, por pagarte un sueldo de morondanga, cree que tiene el derecho de propiedad sobre tu escritura y tu conciencia.
Y sí, tendrás que mentir. Y por cuenta ajena. Y no pocas veces.
En esta etapa de tu carrera, tenés dos ventajas. Una: no firmás tus notas, es decir, no quedarán rastros de lo que el patrón te ordenó excretar sobre un papel. Dos (y la que mejores habilidades te dará): podés encontrar rendijas a través de las cuales puedas decir lo que realmente querés decir. Lo más probable es que el patrón no lo advierta y, si lo hace, un “no es lo que quise decir” te sacará del apuro.
Hasta que llegue el día en que pongas tu firma al pie de una nota.
Ese día, habrás recuperado tu palabra, tu conciencia y tu dignidad. Y dependerá de la fortaleza de aquéllas, tus primeras convicciones, que los ideales de búsqueda de la verdad sigan más o menos vigentes en vos y en lo que escribas.
Habrás acumulado en la primera etapa de tu carrera oficio y experiencia. Serán la base de tu entereza e identidad como periodista. A estas alturas, ya habrás tenido que contar desde la muerte de un papa hasta que “un policía devolvió un globo a un niño en una plaza”, como dice un amigo. Y creerás que lo sabés todo. O mucho. O lo suficiente como para que te animes a entrarle a cualquier tema. Ojo. Peligro.
Cuando estés tentado de escribir: “fulano es chorro”, acordate de que no estudiaste para abogado y de que, mucho menos, sos juez. Si vas a escribir sobre algún delito, acordate que no sos cana. Si vas a moralizar, tené en cuenta que no sos cura. Porque no sos ni todo eso, ni médico, ni puta, ni diputado, ni mozo, ni arquitecto, ni mecánico: sos periodista. O sea, una versión mejorada de la peluquera de la cuadra que cuenta lo que ve o lo que sabe. Digo “versión mejorada” porque, se supone que, antes de afirmar algo, te habrás cerciorado de que sea cierto.
Si todo esto sucede, verás cómo un día, ya en tu vejez y en retiro, un día te encontrarás escribiendo tu propia carta abierta a jóvenes periodistas.

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